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Paraná fue una fiesta celeste y blanca tras la épica remontada de la Selección Argentina

Cientos de paranaenses colmaron la Plaza 1° de Mayo tras la histórica remontada de la Selección Argentina ante Egipto en el Mundial 2026. El desahogo popular en fotos y testimonios.

Por Redacción

Miércoles, 08 de julio de 2026 a las 01:48

Apenas el árbitro marcó el final del dramático encuentro en el que la Selección Argentina selló su clasificación a los cuartos de final del Mundial 2026, cientos de paranaenses ganaron las calles para transformar el sufrimiento en un grito genuino de victoria. La histórica victoria por 3 a 2 frente a Egipto provocó una inmediata movilización hacia la Plaza 1° de Mayo, el epicentro histórico donde las familias de los distintos barrios de la ciudad confluyeron para celebrar el carácter de un equipo que, una vez más, jugó con el corazón de todo un país.

Desde Anacleto, Rocamora y diversos puntos de la capital, las caravanas de autos, los bombos y los bocinazos tiñeron la tarde de celeste y blanco, evidenciando que el fútbol sigue siendo ese espacio de resistencia donde el pueblo encuentra un respiro y una profunda felicidad compartida.

De la angustia al relax: testimonios de una jornada inolvidable

El desahogo en el centro paranaense fue proporcional a la angustia que se vivió durante los noventa minutos, luego de que el conjunto nacional comenzara dos goles abajo. Entre los abrazos y las lágrimas de los hinchas que colmaron la plaza principal y la calle Papa Francisco, las expresiones de alivio reflejaron el sentir de una comunidad que vivió el partido con el alma en un hilo.

"Una emoción enorme. Muchos nervios se pasó con el partido. Ahora es el relax acá", expresó una mujer que celebraba junto a sus familiares en las inmediaciones de la plaza. A su lado, un grupo de jóvenes reafirmó el orgullo por el vigente campeón del mundo: "Con mucha alegría y gozo estamos festejando. Seguimos siendo campeones".

La jornada reunió a trabajadores, trabajadoras y familias enteras que buscaron en el espacio público un lugar de encuentro. Un padre que caminaba entre la multitud sintetizó el valor de estos momentos en el ámbito familiar: "Nada más lindo que festejar con nuestro hijo".

Cábalas, mística y la fe inquebrantable de los barrios

El folclore del fútbol y las creencias populares jugaron su propio partido en las casas entrerrianas antes de trasladarse a los festejos callejeros. "Cómo sufrí, por Dios. Respeten las cábalas, por favor. Contenta, pero la pasé mal", confesó una simpatizante visiblemente conmovida ante las cámaras de Elonce. En sintonía, otro hincha resumió con contundencia el peso de la historia futbolística: "No podíamos quedar afuera con Egipto, loco. Aguante Argentina".

Las anécdotas sobre los métodos para revertir el resultado adverso sumaron risas a la jornada de festejos. Un grupo de jóvenes paranaenses detalló la particular estrategia espiritual a la que recurrieron en el segundo tiempo: "Nos pusimos a rezar con un palo santo... y metimos los tres goles".

Asimismo, la confianza en el destino del equipo se hizo presente en los relatos de la plaza: "Soñé el 3 a 2. Los tres primeros partidos los soñé y hoy soñé otra vez el 3 a 2. Llegamos a la final", aseguró convencido un hincha respecto de sus premoniciones. En tanto, otro manifestaba la importancia de sostener el apoyo al proceso del seleccionado: "Hay que tener fe y esperanza. Estos pibes nos están representando".

La infancia y las nuevas generaciones en la plaza principal

La Plaza 1° de Mayo se transformó en una gran tribuna popular donde los más pequeños ocuparon un lugar central, heredando una pasión que une generaciones. Mía, de siete años, describió con timidez cómo se vivió la jornada en su hogar: "Muy nerviosos". A su lado, los adultos que la acompañaban definieron el clima general del centro paranaense con dos palabras: "Alegría y felicidad".

El festejo también incluyó a quienes vivieron su primera experiencia mundialista en los brazos de sus padres. Ciro, de apenas seis meses, y Tadeo, de diez meses, formaron parte de la multitud que celebraba entre banderas y batucadas.

La devoción por el capitán del equipo, clave en la levantada futbolística, fue otro de los ejes de la movilización. "Yo amo a Argentina y creo que Messi se merece dos Mundiales", afirmó un joven con los ojos humedecidos. La misma emoción embargó a otro simpatizante que reconoció el impacto del sufrimiento deportivo: "Me lloré todo el partido. Cuando íbamos perdiendo empecé a llorar y no lo quise ver más. Después volví y empezaron los goles".

Los festejos en Paraná se extendieron hasta entrada la noche, dejando en claro que, más allá de las dificultades cotidianas, la esperanza y la identidad popular siguen vigentes en cada rincón de la provincia. Como bien sintetizó una mujer en medio de la plaza desbordada: "Esto nos demuestra que la esperanza nunca se pierde".