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"Infartoneta": Argentina sufrió ante Suiza pero lo ganó y ya está en semifinales del Mundial 2026

Con goles de Mac Allister, Julián Álvarez y Lautaro Martínez en el suplementario, la Selección Argentina venció 2-1 a Suiza y avanzó a semifinales del Mundial 2026.

Por Redacción

Domingo, 12 de julio de 2026 a las 01:36

En una jornada cargada de dramatismo, Argentina se metió entre los cuatro primeros del Mundial 2026 tras derrotar por 2 a 1 a Suiza en el tiempo suplementario. Más allá del desahogo colectivo de un país conmovido, hoy la clasificación será la mejor noticia para un equipo sabe en su interior que no jugó bien, y que no supo aprovechar a fondo que Suiza, en los 90, jugó casi media hora con uno menos. Por eso, esta versión que las redes rebautizaron la "Infartoneta", festeja más que nunca el resultado que lo pone en semifinales contra Inglaterra.

Difícil de medir cuál de las dos cosas pesa más y si necesariamente una acción es resultado de la otra, pero el partido arrancó con Suiza teniendo la pelota o Argentina cediéndosela. A la Selección le cayó bien de entrada planchar el juego, sacarle ritmo intentando que la dupla Xhaka – Freuler no encontraran la velocidad que necesitan para explotar a Ndoye, quien tirado por izquierda sería toda la noche un dolor de muelas. Sí, de muelas, esos que cuando parecen que se van, reaparecen.

El quiebre del marcador y las grietas en el mediocampo

La Scaloneta decidió que el primer tiempo no jugaría con la pelota como lo suele hacer. Eligió virar un poco a la verticalidad, apelando a varios pelotazos largos a Julián Álvarez, y a no juntar tanto pase cuando superaba la mitad de cancha. La intención no parecía mala, pero se encontraría con un problema antes y después del primer gol del equipo: el porcentaje de error de Enzo Fernández y Alexis Mac Allister estaba muy alto. No tanto en cantidad, sino en situaciones que comprometían a toda la defensa. Mientras tanto, Rodrigo De Paul se las ingeniaba para ayudar a Nahuel Molina con la marca del ligerito Ndoye.

Firme la dupla central —con el entrerriano Lisandro Martínez a la cabeza— tapando los agujeros que venían dejando los volantes, Leandro Paredes entendió que debía hacerse más cargo del inicio del juego. Así, se empezó a juntar con un Lionel Messi que en los primeros minutos aparecía aislado por la derecha. Sólo una vez necesitaron conectar bien para generar dos córners. Walter Samuel, desde el banco, dibujaba con sus movimientos cómo había que ir a buscar ese tiro de esquina y la idea tuvo resultado: amagar hacia adentro e ir a buscar el primer palo como para que uno de los menos altos anticipara a toda Suiza. El cabezazo de Mac Allister cruzado para el 1-0 cambiaría el estado de ánimo de la Selección, pero para nada influiría en el sistema elegido.

Suiza seguiría siendo quien tendría más la pelota, aunque sin lastimar. La cuestión era que no fuera la propia Argentina quien le facilitara la historia, porque en otra reacción tardía del medio, Sow tuvo para pegarle desde afuera de frente. Fue a las manos del Dibu Martínez, pero también una señal de cuál podría ser el problema de la Selección. En la pausa de hidratación fue muy claro cómo Lionel Scaloni y Paredes hablaban y hablaban. Había ruido en el medio. En definitiva, a la Selección le faltaba juego. Con mayor o menor tenencia, era raro ver al equipo con tan poca precisión en salida, en el medio y en ataque. Encima, los suizos no daban muchas vueltas: cuando Argentina rompía la línea, ellos cortaban con foul, sin darle aire para que creciera.

El empate helvético y la resistencia con un hombre de más

Las urgencias del que va perdiendo por un lado se encontraban con la necesidad del otro de jugar mejor, y ambas realidades se vieron a flor de piel en el segundo tiempo. Los suizos entendieron que necesitaban más malicia en ataque, y Argentina leyó que esa desesperación rival podía darles la posibilidad de liquidar la historia con una contra. Las dos cosas se fueron dando tal cual, pero el que aprovecharía su momento sería Suiza ante una Scaloneta que no reaccionaba. Dibu tapó un cabezazo difícil y luego un derechazo, hasta que no pudo hacer nada cuando Ndoye, tras una buena pared dejando clavados a De Paul y a Molina, metió un derechazo cruzado para el 1-1.

¿Cuándo llegaría la reacción? Ni siquiera la roja a Breel Embolo por simular —tenía amarilla y vio la segunda— cambió la tendencia del encuentro. La posesión seguía siendo suiza y Argentina penaba para recuperar la pelota, esperando a veces muy replegado. Con uno más, el panorama debía cambiar inevitablemente. Los cambios, quizás tardíos de Scaloni, debían ser el revulsivo necesario. Messi buscaba la pelota, pero recibía en sectores del campo en los que es menos preocupante para los rivales. Se notaba, como en otros partidos, que debía aparecer un rato de su magia para desenroscar una noche en la que menos minutos había aparecido el campeón del mundo. Nico González se clavaba por la izquierda adelante, Lautaro Martínez ya estaba de 9 full y Julián buscaba su lugar más por derecha.

Ya estaba claro hacía tiempo que se rompía el empate con alguna resolución más individual que colectiva, porque la Selección no quería jugar el suplementario; había que cerrarlo ya. Los suizos se habían resignado a aguantar a que terminaran los 90, ganar aire y trasladar la desesperación al que estaba obligado por historia, por actualidad y porque era uno más. Messi no andaba con la capa de superhéroe a mano, aunque inventaba su primer enganche de la noche para sacar un derechazo que pasó cerca. Siguió pidiéndola e intentó forzar un tiro libre que no llegaba. Luego sacó de la galera un centro cambiando la pelota de zurda a derecha que generó el córner que terminó con Lisandro Martínez empalmando la zurda, pero el arquero la sacó justito. Veintisiete minutos con uno más y la Selección no había sacado ventaja, quedando destinada a sufrir una vez más un suplementario.

El desahogo en el suplementario y el cruce histórico que se viene

En el tiempo suplementario, facilitado por el hombre de más, Argentina recuperó definitivamente la pelota. Con el ingreso de Thiago Almada, Scaloni sumaba una opción de uno contra uno y tiro desde lejos que podía desarmar la ordenadísima defensa suiza. Sin embargo, el equipo chocaba una y otra vez. Las asociaciones futboleras que suelen definir las historias de un equipo no aparecían. Leo buscaba, inventaba un tiro libre y tampoco por ese camino se llegaba a nada, al punto de que los minutos pasaban y los suizos se daban el lujo de pisar el área del Dibu.

El Flaco López entró en cancha para quemar las naves con tres 9, pero no había caso. La fluidez no había aparecido en toda la noche y la acción individual debía romper la pared. Y llegó de la manera que debía llegar: si no era golazo, no había cómo destrabar las limitaciones propias. Julián Álvarez, que había corrido a todos pero sin chances, inventó un golazo que será, futbolísticamente, lo más lindo de la Scaloneta en este torneo. Sobre el final, el remate de Lautaro Martínez, tras una corrida de Almada que el arquero le tapó, le dio un tono de fiesta al cierre del partido.

Argentina está entre los cuatro mejores del Mundial 2026 tras un enorme esfuerzo físico y mental. Ahora, la Selección tiene un desafío futbolístico y emocional impresionante por delante. El salto de calidad será necesario para que el sueño de una nueva final ecuménica se pueda hacer realidad para todo el pueblo argentino.