La crisis del sector manufacturero argentino ha alcanzado a uno de sus bastiones más históricos. Rigolleau, la emblemática fábrica de Berazategui con 120 años de trayectoria, comenzó a comercializar productos con el sello «Hecho en China». Esta decisión, impensada para la empresa que convirtió a su ciudad en la «Capital Nacional del Vidrio», es el resultado de un combo crítico: derrumbe del consumo interno, pérdida de mercados externos y una competencia desigual tras la apertura de importaciones.
El presente de la firma refleja la profundidad del bache económico. En su último balance fiscal de 2025, Rigolleau registró una pérdida neta de $5.596 millones, cifra que duplica el pasivo del año anterior. En total, la compañía acumuló un rojo superior a los $7.000 millones en los últimos dos ejercicios, mientras sus ventas reales se desplomaron un 19%.
Hornos apagados y capacidad ociosa
La señal más alarmante de esta parálisis ocurrió el año pasado, cuando la empresa decidió apagar uno de sus hornos industriales. En la industria del vidrio, este es un proceso crítico y costoso, ya que los hornos están diseñados para funcionar las 24 horas y su reactivación demanda meses de trabajo y una inversión millonaria.
Actualmente, la planta opera apenas al 60% de su capacidad instalada. Si bien mantiene activas las líneas de envases para los sectores farmacéutico y alimentario (considerados esenciales), la división de cristalería de mesa y hogar es la que más sufre el avance de los productos asiáticos.
Impacto en el empleo y las exportaciones
El panorama laboral en Berazategui es de máxima tensión. Tras haber concretado 100 despidos en los últimos meses, los trabajadores temen que la decisión de importar directamente desde China sea el preludio de un nuevo recorte en la plantilla de operarios. La lógica empresarial parece clara: ante costos de energía en alza y baja demanda, resulta más rentable intermediar productos extranjeros que encender las máquinas locales.
El frente externo tampoco ofrece alivio. Según los registros de la compañía, las exportaciones cayeron un 37,8% interanual, perdiendo competitividad frente a otros productores regionales.
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Producción total: 114.305 toneladas (en caída).
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Ventas totales: $112.088 millones (19% menos en términos reales).
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Despacho físico: 11% abajo respecto al balance anterior.
La transformación de Rigolleau de fabricante a importador es, para los analistas del sector, la «foto de cuerpo entero» de la desindustrialización que afecta al conurbano bonaerense bajo el actual modelo económico.