La realidad económica en la capital entrerriana se vuelve cada vez más asfixiante para las familias trabajadoras. Según el último informe de la Dirección General de Estadística y Censos de Entre Ríos (DGEC), la Canasta Básica Alimentaria (CBA) en Paraná registró un incremento interanual del 42,7% entre marzo de 2025 y marzo de 2026. Este salto refleja el encarecimiento de los alimentos mínimos necesarios para la subsistencia, en un contexto donde los ingresos no logran seguir el ritmo de las góndolas.
Los datos oficiales permiten reconstruir una dinámica de precios que, tras un breve respiro a mitad del año pasado, retomó una tendencia alcista imparable. Mientras que en marzo de 2025 un adulto necesitaba $134.469,82 para alimentarse, en marzo de 2026 esa cifra escaló a los $191.843,67. Esta diferencia de más de $57.000 por persona evidencia el impacto del modelo económico en la mesa de los entrerrianos.
El costo de no ser pobre en la capital provincial
Cuando se analiza la Canasta Básica Total (CBT), que además de comida incluye bienes y servicios esenciales como transporte, salud y vestimenta, las cifras son prohibitivas. En Paraná, el valor de la CBT para un adulto equivalente ascendió a $418.219,20 en marzo de 2026.
El impacto se multiplica al observar la composición de los hogares:
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Hogar Tipo 1: La canasta alimentaria pasó de $233.977,49 a $339.563,30.
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Hogar Tipo 2: El costo para cubrir la alimentación mínima saltó de $345.587,45 a $502.630,42.
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Hogar Tipo 3 (Familia numerosa): Este sector es el más golpeado, ya que la CBA pasó de $443.750,42 a $644.594,74, registrando un aumento absoluto de más de $200.000.
Para esta última categoría de hogar (Tipo 3), el umbral para no caer bajo la línea de pobreza es dramático: la Canasta Básica Total pasó de $985.127,42 en marzo de 2025 a la astronómica cifra de $1.405.216,52 en marzo de 2026.
Evolución mensual y el peso de los alimentos
El informe de la DGEC revela que la aceleración de los precios se intensificó hacia el cierre de 2025, con picos del 6,71% en diciembre. Esta inercia se mantuvo en el primer trimestre de 2026, con variaciones que no bajaron del 4,7% mensual.
Otro dato clave es el coeficiente de Engel, que pasó de 2,22 a 2,18. Esta sutil baja en el indicador técnico esconde una realidad cruda: las familias deben destinar una proporción cada vez mayor de sus ingresos exclusivamente a la comida, sacrificando otros consumos básicos o servicios que hacen a la calidad de vida.
En síntesis, la comparación interanual en la ciudad de Paraná deja al descubierto una suba sostenida del costo de vida. Con una canasta total que supera el millón cuatrocientos mil pesos para una familia numerosa, la brecha entre los salarios reales y las necesidades básicas se ensancha, dejando a miles de paranaenses en una situación de vulnerabilidad extrema frente a una inflación que parece no encontrar techo en los artículos de primera necesidad.